viernes, setiembre 16, 2005

Asesiné la esperanza

Hoy finalmente, asesiné la esperanza,
pero ella há muerto sin dolor, como un viejo arbol
pues no la hé matado con el peso de una pena
la maté con la espada oportuna de la fé;
una fé sin amuletos, sin dios.
Pues he comprendido que en la pasiva esperanza
solo se espera y se cansa
prefiero la fé corajuda y sin nombre
que yo, no sabría explicarte.

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