domingo, setiembre 14, 2008

La ciudad de los barcos

Quien la llama ciudad de las bicicletas se engaña, este pantano improbable surcado infinitas veces por todo tipo de formas, soleadas o no con sus terrazas generosas, transeuntes con aires de complicidad como si hicieran un guino invisible a los turistas deiciendo “¿y, que tal?”.
De blondes magnificas, charmantes y de elegante desinteres. Ciudad surrealista de edificios torcidos y gente derecha, hoy tengo la suerte de verte soleada y todos lo celebran con desayunos en balcones de domingo.
¿A que vine exactamente aqui a esta ciudad, a este momento del mundo a este lugar de mi? Seguramente la respuesta reposa en alguna callejuela estrecha donde el tiempo parece cambiar de densidad y acompaña la arquitectura tambaleante de esta “tierra del agua”. Te veo y aprendo sobre la generosidad de tus mares, sobre la abrangencia de tu orden, la diversidad de tu pigmento, el gracioso circular de tus pequeños botes de madera que cadencian tu ritmo y gobiernan secretamente tu belleza.

(Amsterdam, Agosto 2008)

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